Una vía siempre amenazada



La vía Manizales-Fresno (Tolima) hoy es noticia por la tragedia del bus de Expreso Bolívariano y los derrumbes. En la última semana fueron 21 víctimas, que iban en un bus que fue molido por piedra y lodo. Escucho esto y recuerdo la tragedia de los 10 niños del grupo Scout Prisa de Manizales, también víctimas de un crudo invierno como estos, en un lugar muy cerca al de la reciente tragedia. La imagen es la misma: una avalancha que se llevó todo a su paso.

Pero, no son solo las laderas de la vía a Bogotá las que causan miedo, son todas las montañas alrededor del Parque Nacional de Los Nevados que se derriten con cada temporada de lluvias y sus inofensivas quebradas, que se convierten en ríos de una espesa colada de lodo en la que, incluso, flotan las rocas. Cada  que la naturaleza se manifiesta, arrasa con todo. 

Pero la ocasión me sirve para recordar que los caldenses no sólo hemos padecido esta ruta en la época de lluvias. Por años, a la angustia de viajar en invierno se sumaba el terror a los grupos armados ilegales. Si no era un derrumbe, era un retén. No solo ha sido infraestructura, en materia de seguridad también ha estado completamente desprotegida.

Son escasos 100 kilómetros de carretera, que por jurisdicción debería ser una responsabilidad compartida entre Caldas y Tolima, pero con mayor carga para los tolimenses porque cerca de 70 kilómetros cruzan por el norte de su territorio. Sin embargo, por utilidad, la responsabilidad debería ser 100% caldense, ya que esta vía une a la capital del departamento con todos los municipios del oriente y, especialmente, con la capital del país. 

En época del conflicto armado, los kilómetros ubicados entre el Páramo de Letras y Frenos (kilómetros del Tolima) se los repartían tres grupos armados ilegales, que sacaban sus retenes para secuestrar o asaltar. Saliendo del Páramo de Letras, cerca al sitio conocido como Puerto Brasil, salía el frente 47 de las Farc. Alias ‘Muelas’ sacaba a sus hombres a sembrar terror. Más adelante, entre Mesones y Padua, los guerrilleros del frente Bolcheviques del Líbano del Eln hacían lo propio. Y finalmente, de Petaqueros a Fresno, los hombres de Ramón Isaza con su frente Ómar Isaza de las Auc.

Por años ha sido una ruta de miedo, una ruta de muerte, una ruta abandonada por el Gobierno. Y como siempre, solo cuando hay una tragedia, las autoridades vuelven los ojos a ella. Y es justo en estos momentos cuando, en medio de los anuncios de proyectos y promesas, aparece la solución temporal: La restricción para viajar de noche. Este no es invento por cosa del invierno. Que recuerde, fue inicialmente una decisión que tomaron ante la incapacidad gubernamental para controlar la presencia de grupos armados ilegales en la vía.

En el 2005 iniciaron con las famosas caravanas escoltadas por la Policía, que salía cara hora de Padua (rumbo a Manizales) y del Páramo de Letras (rumbo a Fresno). Pasaron unas semanas y las caravanas se acabaron, al igual que la vigilancia constante y la tranquilidad para los viajeros.  Con un nuevo un retén ilegal, reaparecían las soluciones temporales.

Con el invierno ha sido igual. Vuelve y queda en entredicho la seguridad y la infraestructura de la carretera Manizales-Fresno (primer tramo de la vía a Bogotá). Son 10 años con casi 100 muertos. Unos por derrumbes, otros por el mal diseño que la hacen de proclive a los accidentes de tránsito.

A diario son casi 120 vehículos los que transitan por este tramo y cuando hay problemas por la ruta conocida como La Línea (entre Ibagué y Armenia), se convierte en ruta alterna para grandes camiones. A pesar de todo esto, los caldenses seguimos sin soluciones que nos Garanticen el derecho a viajar con seguridad.

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